EL CICLO DE LAS EXISTENCIAS
Cuando nos comprometemos en una práctica, es con la intención de desarrollar un avance espiritual y profundizar en el conocimiento de la mente. Este avance debe incluir a todos los seres: nuestra motivación primera debe ser ayudar a todos los seres a liberarse del sufrimiento, para que se abran a un estado de paz y alegría. En el budismo se habla de liberarse del samsara. Samsara quiere decir el ciclo de las existencias; se asemaja a un círculo en el que giramos sin fin. Estamos encerrados en ese círculo a causa de nuestra ignorancia, marigpa, y puesto que no somos conscientes de los actos que emprendemos, éstos producen resultados que son el fruto de la ignorancia. Existe una ley, la ley del karma, según la cual todo acto produce un resultado. Y si actuamos bajo la influencia de la ignorancia, es evidente que el fruto de nuestra acción está también bajo la influencia de la ignorancia; no es pues, algo verdaderamente positivo, que tienda a liberarnos.
Puesto que estamos así errando en el samsara, hay que intentar salir de él y progresar, hay que aprender a ver las condiciones en las que estamos situados. El ciclo de las existencias no debe percibirse como algo completamente negativo y lleno de sufrimientos. Es un estado en el que existen sufrimiento y alegría, pero nos encontramos encerrados en él y en estado de dependencia. Para salir de él, hay que comprender la naturaleza del samsara y mirar cuáles son verdaderamente las dificultades y las circunstancias, cuáles son las causas que provocan el sufrimiento, cuáles son las condiciones en las que se encuentran todos los seres que yerran en ese ciclo de las existencias. Cuando nos comprometemos en un camino espiritual, la motivación primera es la voluntad de contribuir a que todos los seres se liberen de este ciclo de la ignorancia y del sufrimiento. Trátase de un deseo muy profundo. Se suele calificar igualmente al samsara de océano de sufrimiento por cuyas olas nos vemos zarandeados. Querer ayudar a los seres a liberarse de él significa querer ayudarles a alcanzar una tierra pura que servirá de puerto a la paz.
No hay que plantear una distinción demasiado definitiva entre el samsara y el nirvana, ni pensar que el samsara sólo es sufrimiento, mientras que por otro lado existe el nirvana que sólo es alegría. El samsara es un estado en el cual es posible acceder a la alegría y a cierta felicidad, mas estos estados se encuentran temporalmente velados. No hay que creer tampoco que el samsara y el nirvana son mundos que existen en alguna parte fuera de nosotros mismos. El estado de felicidad última y el estado del ciclo de las existencias corresponden simplemente a nuestro estado mental: no son mundos exteriores. También hay que comprender bien lo que es el karma. Se trata de una ley infalible que corresponde al hecho de que cada acción produce una consecuencia. El karma no debe verse como una especie de juicio sentenciado por alguien exterior, que consideraría que puesto que hemos hecho esto merecemos aquello. No es ni mucho menos así como ocurre; es algo mucho más natural. Todo acto produce de forma natural un resultado, pero éste no debe entenderse como fijo y definitivo. En efecto, siempre es posible evolucionar cambiando la dirección que tomamos, y por ello el sentido de nuestra vida. Sentimos la tentación de decirnos: "Me comprometo en esta vía y hago esto porque es mi karma". Al hacer esto, nos quedamos fijos en una situación. Es una solución errónea, pues a cada instante poseemos la capacidad de escoger y la posibilidad de cambiar el sentido que damos a nuestra vida. El karma es efectivamente una ley, mas no es en ningún caso un sistema fijo, dentro del cual nada podamos hacer.
IGNORANCIA, OSCURIDAD, DUALIDAD
El ciclo de las existencias es, pues, inducido por la ignorancia, por el hecho de que no somos conscientes del lugar en que nos encontramos, de lo que hacemos, de lo que somos, etc. Es importante interrogarse acerca de la causa de esta ausencia de consciencia. Muy pronto nos damos cuenta de que la raíz de la ignorancia proviene del hecho de que estamos atados a la idea de un "yo"; es lo que se llama la aprehensión egocéntrica. Esta es verdaderamente el origen de todos los problemas. Creer en una identidad que existiría independientemente de toda otra cosa conduce a aferrarse a dos ideas: la idea del "yo" y la idea del "otro". De ahí deriva todo un sistema del que ha salido el samsara y en el que nos encontramos encerrados. La ausencia de conciencia o ignorancia, marigpa, produce tímug: tenemos cierta comprensión y conciencia de las cosas, pero muy ligera y grosera, difícil de integrar y de utilizar. A partir del momento en que no tenemos verdadera conciencia de las cosas, estamos bajo la influencia del apego y del rechazo: nos sentimos atraídos por ciertas cosas y rechazamos otras. Apego significa: gustarle a uno ciertas cosas, ciertos amigos, ciertos lugares. Creamos así un territorio mental que nos agrada y nos atrae. En el lado opuesto, rechazamos a las personas que no nos gustan y las circunstancias que encontramos desagradables. Creamos también ahí una especie de territorio mental en el que estamos encerrados. El samsara es fruto de todo esto. Hemos creado mundos en los cuales estamos sometidos a numerosas tensiones y sufrimientos. Es muy importante tener conciencia de la causa de este samsara, encontrar la fuente de la ignorancia, pues es así como podemos verdaderamente progresar.
Tímug significa el oscurecimiento de nuestra mente: somos capaces de percibir cierto número de cosas, pero no sabemos servirnos de ello. Es preciso, pues, esclarecer esto, y para ello es buena cosa desarrollar la bodhicitta o mente altruista. El hecho de no volvernos ya constantemente hacia nosotros mismos sino hacia los demás, nos hace tomar conciencia de las condiciones en que se encuentran otros seres. Tratamos de desarrollar este pensamiento altruista en la acción, y poco a poco, la noción de "yo" y el "otro" disminuye. La distancia entre yo y el otro va constantemente reduciéndose, pues tomando conciencia de las condiciones en las que nos encontramos y de las condiciones en que encuentran los demás seres, nos damos cuenta de que son similares; reconociendo nuestras necesidades, nos apercibimos de que las personas que están ante nosotros tienen exactamente las mismas. Comprendemos que todos somos semejantes. Poco a poco la dualidad disminuye y el tímug, el oscurecimiento, se disipa: se comprende mejor lo que conviene desarrollar y lo que conviene abandonar.
Tenemos la convicción de que los problemas vienen del exterior: pensamos que las tensiones que aparecen y los deseos que se manifiestan son provocados por el exterior. Nos decimos finalmente que cambiando de lugar nos sentiremos mucho más libres y que los problemas desaparecerán. Desgraciadamente esto no ocurre así, y por todas partes a las que vamos, nos encontramos sumergidos en las mismas circunstancias y en los mismos estados mentales. Es preciso constatar que todo proviene del interior: ¡somos nosotros mismos los que creamos las situaciones y los estados mentales en los que estamos sumergidos! Por el hecho de estar perpetuamente preocupados por nosotros mismos, proyectamos todas las causas hacia el exterior, sin percatarnos de que nuestra mente está en el origen de todo.
"Libertad a través de la meditación" Lama Jigme Rinponche